Es increíble cómo el mal se pega, se transmite.
Cómo absorbe, incluso.
Da igual lo grande que sea la inspiración: un gesto, una palabra, o una mano en la espalda, pueden robar la vida, pueden hacer que se precipite.
Muy buena puede parecer la intención, adornada de palabras bonitas, con un tacto que se cree suave, con un gesto de supuesta preocupación y cariño por una.
Qué importante entonces estar despierta; qué necesario discernir, distinguir la intención oculta de quien se acerca con tanto descaro a quitar la vida.
Y ojalá no nos quedemos sólo en verlo, sino que, en nuestra coherencia y lucha por el Bien, la Verdad, la Justicia y el Amor, lo denunciemos, lo cortemos, nos separemos; protejamos la Vida a toda costa y por encima de todo.
Si no, no habrá valido la pena.